Test político: qué mide de verdad y cómo saber si es serio
Cinco señales para distinguir un test político riguroso de un cuestionario hecho para captar correos. Con lo que hay que exigirle a cualquiera, incluido este.
Cada campaña electoral aparecen veinte. Un test de cinco minutos que te dice a qué partido te pareces, se comparte en un grupo de WhatsApp y en dos días lo ha hecho medio país. Algunos están bien hechos. La mayoría no. Y desde fuera se parecen bastante.
Esto es lo que hay que mirar para separarlos, y por qué cada cosa importa.
Señal 1: cuántas afirmaciones, y de qué
Un test de 8 preguntas no puede situarte en ningún sitio. Con ocho respuestas, dos personas que piensan cosas muy distintas caen en el mismo punto: no hay información suficiente para separarlas. Doce empieza a ser un mínimo razonable si están bien elegidas; treinta ya permite afinar de verdad.
Pero el número importa menos que el reparto. Cuenta cuántas afirmaciones hay de economía, cuántas de valores, cuántas de territorio, cuántas de política exterior. Si de veinte afirmaciones catorce son de inmigración, ese test no mide dónde estás: mide cuánto te pareces al autor en el único tema que le preocupa.
La prueba del algodón
Lee las afirmaciones antes de responder. Si al leerlas ya sabes cuál es "la buena", el test tiene una respuesta correcta metida dentro, y eso no es un test, es un examen.
Compara estas dos formas de preguntar lo mismo:
"¿Estás a favor de que los ricos paguen lo que les corresponde?"
"El tipo máximo del IRPF debe subir por encima del 50 % para las rentas superiores a 300.000 euros."
La primera está escrita para que digas que sí. La segunda te obliga a tener una opinión concreta y admite un no perfectamente razonable.
Señal 2: de dónde salen las posiciones de los partidos
Esta es la pregunta, y es la que casi nadie responde.
Para decirte que coincides un 74 % con un partido, hace falta saber qué opina ese partido de cada una de las afirmaciones. Hay tres formas de conseguirlo, y solo dos son legítimas:
- Preguntándole al partido. Es lo que hacen las herramientas de voto asistido oficiales de algunos países. Es lo más limpio y lo más lento.
- Leyendo su programa y sus votaciones, afirmación por afirmación, y dejando la fuente por escrito. Es trabajoso pero es auditable.
- A ojo. Alguien decide que un partido "más o menos estaría en un 4 aquí". Es rapidísimo, no deja rastro, y produce números con toda la pinta de ser rigurosos sin serlo.
Si un test no dice cuál de las tres usó, dio por hecho que no ibas a preguntar.
Señal 3: qué pasa con tus respuestas
Tu opinión política no es un dato cualquiera. En la Unión Europea es un dato de categoría especial (artículo 9 del RGPD), la misma categoría que la salud, la religión o la orientación sexual. Tratarlo exige consentimiento explícito y trae obligaciones que no tiene un correo cualquiera.
Cosas que deberías poder saber en menos de un minuto:
- Quién es el responsable del tratamiento, con nombre y forma de contacto.
- Si tus respuestas se publican agregadas y con qué protección.
- Si puedes descargarlas y borrarlas, y en cuántos clics.
- Si hay alguien más leyéndolas: rastreadores publicitarios, píxeles de redes, herramientas de analítica que se llevan el dato.
Un test político que carga cuatro rastreadores publicitarios está vendiendo tu opinión política mientras te la cuenta.
Señal 4: qué te enseña al final
Aquí se ve la intención con una claridad total.
- Un porcentaje y nada más: es un titular, no un resultado. Sin saber qué afirmaciones pesaron, un 74 % no se puede discutir ni corregir.
- Un porcentaje y el desglose: en qué coincidís y en qué no, afirmación por afirmación. Eso sí es un resultado, porque lo puedes mirar y decir "aquí el test se equivoca conmigo".
- Un muro de registro antes del resultado: no es un test. Es un formulario de captación con una barra de progreso.
Señal 5: qué hace con los datos de todos
Los tests políticos acumulan algo muy valioso: miles de opiniones ordenadas. Qué se hace con eso separa un proyecto serio de una operación de datos.
Las tres preguntas que valen:
- ¿Publica el N? Cualquier resultado agregado sin el número de respuestas detrás es humo. Trescientas personas y trescientas mil se escriben igual en un titular.
- ¿Protege a las minorías del cuerpo de datos? Si el sistema te deja filtrar hasta ver "los votantes de 65+ de Soria" y ahí hay ocho personas, esas ocho personas son identificables. Un proyecto serio suprime esos cortes en vez de enseñarlos.
- ¿Corrige el sesgo de su muestra, y lo dice? Los primeros usuarios de cualquier test son la red del que lo hizo: no son el país. Ponderar al censo ayuda, pero ponderar una muestra pequeña la deforma más de lo que la arregla. Un proyecto honesto dice cuándo no pondera.
El resumen, para llevárselo
Un test político merece tu tiempo si puedes responder a estas cinco preguntas leyendo su página:
- ¿Cuántas afirmaciones, y repartidas entre cuántos temas?
- ¿De dónde salen las posiciones de los partidos?
- ¿Quién trata mis respuestas y puedo borrarlas?
- ¿Veo el desglose o solo un porcentaje?
- ¿Publica el N y protege los grupos pequeños?
Si alguna no tiene respuesta, ya sabes qué clase de test es. Y esto vale también para el nuestro: la metodología completa está publicada precisamente para que puedas hacerle las cinco preguntas.
Haz el test y juzga tú
Las afirmaciones están a la vista, las posiciones de cada partido también, y el resultado se ve sin registrarse. Aplícale las cinco señales de este artículo.
Empezar el test →