Cómo leer una encuesta electoral sin que te engañen
Margen de error, cocina, tamaño de muestra, casa encuestadora y fecha de campo. Siete cosas que hay que mirar antes de creerse un titular basado en una encuesta.
"El PP sube dos puntos". "Empate técnico". "Vuelco electoral". Cada semana hay un titular basado en una encuesta, y casi ninguno se puede evaluar leyendo solo el titular. Esto es lo que hay que buscar en la letra pequeña, en orden de importancia.
1. El tamaño de la muestra, y qué significa de verdad
Lo primero que se mira, y lo que peor se entiende.
Una muestra de 1.000 personas bien seleccionadas da un margen de error de aproximadamente ±3,1 puntos para el conjunto. Eso significa que un partido al que la encuesta da un 24 % está en realidad, con un 95 % de confianza, en algún punto entre el 21 % y el 27 %.
Consecuencia directa: si dos partidos están a menos de seis puntos, la encuesta no puede decir cuál va delante. Ese es todo el contenido de la expresión "empate técnico", y por eso un titular que dice "X adelanta a Y" con dos puntos de diferencia está afirmando algo que sus propios datos no sostienen.
El truco de los submuestreos
El margen de ±3,1 es para el total. En cuanto se trocea la muestra, el margen se dispara.
Si de esas 1.000 personas 120 son jóvenes de 18 a 24 años, el margen para ese grupo se va a ±9 puntos. Un titular del tipo "los jóvenes se giran a la derecha" basado en el cruce de una encuesta general está normalmente describiendo ruido estadístico. Cuando veas un dato por segmento, busca cuánta gente hay en ese segmento. Si no lo dice, ya sabes.
2. La fecha del trabajo de campo
No la fecha de publicación: la fecha en la que se preguntó. Son cosas distintas y a veces hay una semana entre ellas.
Una encuesta con trabajo de campo anterior a un debate, una dimisión o un escándalo está midiendo un mundo que ya no existe. Si el titular relaciona la encuesta con un acontecimiento posterior al campo, el titular está mintiendo por omisión.
3. La cocina
Los datos que sale una encuestadora a publicar no son los datos que recogió. Entre unos y otros hay un proceso —la "cocina"— que hace cosas legítimas y necesarias:
- Ponderar para que la muestra se parezca a la población en sexo, edad y territorio.
- Corregir el recuerdo de voto: la gente recuerda mal (y a veces convenientemente) a quién votó, y ese sesgo es medible y conocido.
- Estimar la abstención, que es la variable que más mueve el resultado final.
El problema no es que se cocine. Es que cada casa cocina distinto y casi ninguna publica cómo. Por eso dos encuestas con el mismo campo pueden dar resultados diferentes: no discrepan en lo que midieron, discrepan en lo que hicieron después.
Regla práctica: fíate más de la tendencia de una misma casa a lo largo del tiempo que de la comparación entre casas distintas. Si una encuestadora aplica siempre el mismo método, sus variaciones internas significan algo aunque su nivel absoluto esté sesgado.
4. Quién la paga
No para descartarla —casi todas las encuestas las paga alguien—, sino para leerla sabiendo qué pregunta le interesaba al que pagó. Un medio, un partido y un instituto público no encargan la misma encuesta ni la publican en el mismo momento.
Una señal fiable de seriedad: las casas que publican sus fallos. Comparar lo que predijeron con lo que pasó, y explicarlo, es caro en reputación y barato en marketing, así que quien lo hace suele ser porque le importa acertar.
5. Cómo se preguntó
El método de recogida cambia quién contesta:
- Teléfono fijo: sobrerrepresenta a personas mayores.
- Móvil: mejor, pero con tasas de respuesta bajísimas —mucha gente no coge llamadas desconocidas—.
- Panel online: rápido y barato, pero solo llega a quien se apunta a paneles, que no es un grupo cualquiera.
- Presencial: el más caro y normalmente el mejor, casi extinguido por coste.
Ninguno es perfecto. Lo relevante es que se diga cuál se usó, porque cada uno tiene un sesgo distinto y conocido.
6. Lo que no te enseñan: el enunciado
Este es el que más se olvida y el que más manipula.
Las mismas dos posiciones preguntadas de dos formas dan resultados distintos por diez o quince puntos. "¿Está a favor de reducir el gasto público?" y "¿Está a favor de recortar en sanidad y educación?" pueden describir la misma medida y obtener respuestas opuestas.
Una encuesta que publica sus datos pero no su cuestionario completo te está pidiendo que confíes en la parte que más fácil es manipular.
7. El histórico de la casa
Antes de creerte una encuesta, mira qué tal le fue a esa casa en las últimas tres elecciones. No es infalible —los aciertos pasados no garantizan nada— pero un error sistemático en la misma dirección durante varias elecciones sí es información: significa que su modelo tiene un sesgo estructural que no ha corregido.
La chuleta
Antes de compartir un titular basado en una encuesta:
- ¿Cuánta gente? ¿Y cuánta en el grupo del que habla el titular?
- ¿Qué margen de error? ¿La diferencia que anuncia lo supera?
- ¿Cuándo se hizo el campo, no cuándo se publicó?
- ¿Publica el cuestionario?
- ¿Publica la cocina?
- ¿Quién la paga?
- ¿Qué tal acertó esa casa la última vez?
Si el titular no aguanta estas siete, no es una noticia sobre lo que piensa la gente. Es una noticia sobre lo que alguien quiere que parezca que piensa la gente.
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