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Qué es la brújula política y cómo se calcula la tuya

La brújula política sitúa tus ideas en dos ejes en vez de en una línea. Qué mide cada eje, cómo se calcula tu posición y qué preguntas hay que hacerse antes de fiarse del resultado.

Redacción Politizz 5 min de lectura

"Soy de izquierdas". "Soy de derechas". "Soy de centro". Son tres cajones para setenta y cinco millones de opiniones distintas, y cualquiera que haya discutido de política en una cena sabe que no encajan. Una persona puede querer que el Estado pague la sanidad entera y a la vez ser durísima con la inmigración. Otra puede querer bajar todos los impuestos y a la vez defender el matrimonio igualitario. En una línea recta, las dos caen en el mismo sitio: en ninguno.

La brújula política existe para arreglar exactamente eso. En vez de una línea, un plano.

Los dos ejes, y qué mide cada uno

El eje económico

Va de la izquierda a la derecha, y mide una sola cosa: cuánto papel debe tener el Estado frente al mercado. No es una etiqueta moral, es una posición sobre quién decide y quién paga.

A la izquierda del eje caen posiciones como subir los impuestos a las rentas altas, ampliar la sanidad y la educación públicas, regular los alquileres, reforzar la negociación colectiva o nacionalizar sectores estratégicos. A la derecha, bajar impuestos, reducir el gasto público, flexibilizar el mercado laboral, abrir servicios a la gestión privada y quitar regulación a las empresas.

El eje social

Va de lo progresista a lo conservador, y mide el peso que damos a la autoridad, la tradición y el orden frente a la autonomía de cada persona.

Arriba, en la parte conservadora: mano dura penal, control de fronteras, defensa de la familia tradicional, más competencias para la policía, límites al aborto o a la eutanasia. Abajo, en la parte progresista: derechos LGTBI, políticas migratorias abiertas, libertad reproductiva, límites al poder policial, protección de la privacidad frente al Estado.

Por qué hacen falta los dos

Porque son independientes. Saber que alguien quiere subir el salario mínimo no te dice nada sobre lo que piensa de la inmigración. Y saber que alguien es duro con la inmigración no te dice nada sobre lo que piensa de los impuestos de sociedades.

Con dos ejes salen cuatro cuadrantes, y los cuatro están poblados en la vida real:

Cómo se calcula tu posición

Aquí es donde la mayoría de los tests que circulan por internet se caen, así que conviene mirar el mecanismo con lupa.

Paso 1: afirmaciones, no preguntas

Una brújula seria no te pregunta "¿estás a favor de la sanidad pública?". Te da una afirmación concreta y te pide que digas cuánto estás de acuerdo, del 1 al 5:

"El Estado debe fijar un límite legal al precio del alquiler en las zonas tensionadas."

La diferencia no es de estilo. Una pregunta abierta admite un "depende" y no se puede medir. Una afirmación concreta en escala de 1 a 5 sí, y además obliga a mojarse: el 3 existe, pero cuesta.

Paso 2: cada afirmación pesa distinto

No todas las afirmaciones separan igual. "Hay que combatir la corrupción" no separa a nadie: todo el mundo dice que sí. "Hay que eliminar el impuesto de sucesiones" separa muchísimo.

El peso de cada afirmación no se decide a dedo: se calcula a partir de cuánto discrimina entre las posiciones conocidas de los partidos. Si una afirmación divide claramente el mapa, pesa; si no divide a nadie, apenas cuenta. Ese cálculo también decide a qué eje pertenece cada afirmación y en qué dirección: si estar de acuerdo tira hacia la izquierda o hacia la derecha.

Paso 3: tú y los partidos, en el mismo plano

Este es el punto que casi nadie explica y es el que de verdad importa.

Los partidos tienen una posición documentada en cada afirmación, sacada de su programa y de sus votaciones. Tu respuesta y la suya se proyectan con la misma fórmula, sobre los mismos ejes, con los mismos pesos. Por eso la distancia entre tu punto y el suyo significa algo. Cuando un test te da un porcentaje de afinidad calculado de una manera para ti y de otra para el partido, ese número no compara nada: es decoración.

Las tres preguntas que hay que hacerle a cualquier brújula

Antes de fiarte de un resultado —el de aquí incluido—, pregunta esto:

  1. ¿Quién decidió las afirmaciones y con qué criterio? Un cuestionario donde todas las afirmaciones son de inmigración y ninguna de fiscalidad te va a colocar donde quiera quien lo escribió, hagas lo que hagas.
  2. ¿De dónde salen las posiciones de los partidos? Si no lo dicen, están estimadas a ojo. Y un dato estimado a ojo con pinta de rigor es peor que no tener dato.
  3. ¿Puedes ver el resultado sin dar tus datos? Si la respuesta es no, el test no es un test: es un formulario de captación con una gráfica bonita al final.

Qué NO es una brújula política

Dónde está el límite

Dos ejes explican mucho, pero no todo. El eje nacional-territorial, por ejemplo, no cabe: en España o en Bélgica es enorme, y una brújula de dos ejes lo aplasta. Tampoco cabe bien la dimensión europeísta.

Reconocerlo importa. Una herramienta que dice medirlo todo miente; una que dice qué mide y qué deja fuera se puede usar con criterio.

Calcula tu brújula en un minuto

Doce afirmaciones bastan para situarte en el mapa. Después puedes afinarla respondiendo más, y ver cómo se mueve tu punto con el tiempo.

Empezar el test →

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