Anarcosindicalismo, laicismo y proteccionismo: tres términos más que se usan sin definir
Anarcosindicalismo frente al anarquismo, laicismo frente a aconfesionalidad, y proteccionismo frente a librecambismo. Qué significa cada término y de dónde viene, con fuentes.
Quinta entrega del glosario perenne que empezó con cinco términos políticos que se usan sin definir: tres palabras más, cada una enfrentada al término con el que se confunde. El anarcosindicalismo no es lo mismo que el anarquismo en general, aunque comparta raíz; laicismo y aconfesionalidad se usan como sinónimos sin serlo; y proteccionismo y librecambismo son la discusión más antigua de la política comercial, resuelta desde hace dos siglos con los mismos dos argumentos. Los tres, con su origen y su mejor argumento en cada lado, sin decir cuál es el correcto.
Anarcosindicalismo, frente al anarquismo genérico
El anarquismo es una tesis sobre la legitimidad de la autoridad: la rechaza salvo que se demuestre lo contrario. El anarcosindicalismo es más concreto — es la corriente que convierte esa tesis en una estrategia de organización, con el sindicato como herramienta de lucha y, a la vez, como núcleo de la sociedad futura sin Estado.
Nace con congreso y fecha propios. La Confédération Générale du Travail (CGT) francesa, fundada en 1895 en Limoges con fuerte peso anarquista, aprobó en su XV Congreso —celebrado en Amiens del 8 al 16 de octubre de 1906— la llamada Carta de Amiens, que fijó tres principios: la huelga general como medio de lucha, la acción directa como único camino eficaz frente al capital, y la independencia del sindicato respecto a los partidos políticos (Carta de Amiens, Wikisource; Charter of Amiens, Wikipedia). Ese tercer punto —ni afiliación ni subordinación a ningún partido— es lo que distingue a un sindicato anarcosindicalista de uno socialista o socialdemócrata: los dos organizan trabajadores, pero solo uno rechaza por principio la vía electoral.
En España, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) se fundó el 1 de noviembre de 1910 en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona y llegó a ser la organización anarcosindicalista más numerosa de la historia, afiliada a la Asociación Internacional de los Trabajadores (CNT, "Qué es la CNT"). El anarquista alemán Rudolf Rocker, en Anarcosindicalismo: teoría y práctica (1938) —escrito para explicar al público general la ideología detrás de la revolución social española—, resumió el objetivo: sustituir el orden capitalista por una libre federación de las fuerzas productivas organizada mediante el trabajo cooperativo (texto completo, Anarchist Library). No todo el anarquismo pasa por el sindicato: hay corrientes individualistas e insurreccionalistas que no comparten esa apuesta por la organización obrera de masas. El anarcosindicalismo es una de las estrategias posibles dentro del anarquismo, no el conjunto entero.
Laicismo y confesionalidad del Estado
Confesional es el Estado que reconoce una religión oficial propia; laico, el que no reconoce ninguna y se declara neutral en materia religiosa. Entre los dos hay un término intermedio, la aconfesionalidad, que conviene no confundir con el laicismo estricto.
El caso de manual del laicismo es Francia. La ley del 9 de diciembre de 1905, de separación de las Iglesias y el Estado, puso fin al Concordato napoleónico de 1801 y fijó el principio, todavía vigente, de que "la República no reconoce, no paga ni subvenciona a ningún culto" (Ley de 1905, Wikipedia).
España es el caso intermedio, y la propia Constitución marca la diferencia a propósito. La de 1931 declaraba que "el Estado español no tiene religión oficial" y se llamaba a sí misma laica; la de 1978 eligió otra fórmula. El artículo 16.3 dice que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", pero añade que "los poderes públicos... mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones" (BOE, artículo 16). Ningún culto es oficial, pero el Estado sí coopera con ellos: la doctrina constitucional lo llama aconfesionalidad, distinta del laicismo francés, que no reconoce ni coopera con ninguno.
Italia muestra el tránsito de un modelo a otro dentro del mismo país. Los Pactos de Letrán de 1929, firmados entre el Reino de Italia y la Santa Sede, convertían al catolicismo en "la religión del Estado". La revisión firmada en Villa Madama el 18 de febrero de 1984 eliminó expresamente esa condición —el catolicismo dejó de ser religión de Estado— y con ella la obligatoriedad de la clase de religión en la escuela pública (Patti Lateranensi, Wikipedia; revisión de 1984, Sintesi Dialettica). Italia pasó de confesional a aconfesional sin llegar al modelo francés: el Estado sigue firmando acuerdos con confesiones religiosas y financiándolas a través del ocho por mil, algo que la ley francesa de 1905 prohíbe expresamente.
Proteccionismo y librecambismo
Esta es la discusión más antigua sobre política económica exterior, y sigue abierta con los mismos dos argumentos con que empezó hace dos siglos.
El argumento del libre comercio lo formalizó David Ricardo en 1817, en Principios de economía política y tributación: aunque un país sea más eficiente que otro en todo, ambos ganan si cada uno se especializa en lo que produce con menor coste relativo y comercia el resto — la ventaja comparativa, ilustrada con su ejemplo clásico de paños ingleses y vino portugués (Wikipedia, "Principios de economía política y tributación"). El caso histórico más citado es la derogación británica de las Corn Laws: tras años de campaña de la Anti-Corn Law League, liderada por Richard Cobden y John Bright, el primer ministro conservador Robert Peel —dividiendo a su propio partido— sacó adelante la derogación el 15 de mayo de 1846, con la hambruna de la patata en Irlanda como argumento de urgencia (Victorian Web, discurso de Peel).
El argumento proteccionista más influyente es el de la "industria naciente": una economía que empieza a industrializarse no puede competir todavía con potencias ya establecidas, así que necesita aranceles temporales mientras madura. Alexander Hamilton lo planteó ante el Congreso de Estados Unidos en su Report on Manufactures, de diciembre de 1791, proponiendo aranceles y subvenciones para proteger la industria naciente frente a Gran Bretaña (Gilder Lehrman Institute). El economista alemán Friedrich List lo convirtió en doctrina completa en El sistema nacional de economía política (1841), donde criticó a Adam Smith por ignorar que una nación en desarrollo no compite en igualdad de condiciones con otra ya industrializada. Ya en el siglo XX, el economista argentino Raúl Prebisch, desde la CEPAL, propuso en 1949 un argumento distinto pero emparentado —el deterioro de los términos de intercambio entre materias primas y manufacturas— para justificar la industrialización por sustitución de importaciones en América Latina bajo protección arancelaria (CEPAL, "El modelo centro-periferia"). El proteccionismo no tiene dueño ideológico fijo: lo usó Hamilton para levantar la industria de una república liberal recién nacida, y lo usó después la CEPAL para argumentar contra el mismo librecambio que entonces defendían las potencias industriales.
Estados Unidos ofrece también el ejemplo contrario, el que se cita para advertir sobre los límites del proteccionismo: la Ley Smoot-Hawley de junio de 1930 subió los aranceles sobre unos 20.000 productos importados, provocó represalias comerciales casi inmediatas —Canadá subió un 30% los suyos sobre dieciséis productos estadounidenses— y se cuenta habitualmente, aunque con distintos grados de responsabilidad según el economista, entre los factores que agravaron la Gran Depresión (Wikipedia, "Ley Hawley-Smoot").
Ninguno de estos tres pares encaja en un único eje izquierda-derecha: el anarcosindicalismo es una estrategia dentro del rechazo anarquista a la autoridad, laicismo y confesionalidad son sobre la relación del Estado con la religión, y proteccionismo y librecambismo son una discusión de política comercial con defensores históricos a los dos lados del espectro. Este artículo continúa el glosario que empezó con cinco términos políticos que se usan sin definir y sigue en anarquismo, federalismo y corporativismo. Cómo Politizz sitúa cada partido en dos ejes reales, sin etiquetas de una palabra, en por qué un solo eje ya no basta y en cómo se mide la afinidad con un partido.
Dos ejes, no una etiqueta de una palabra
Politizz no usa ninguno de estos términos para clasificar a nadie. Sitúa cada posición en dos ejes, a partir de afirmaciones concretas, y compara el resultado con partidos reales.
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