Cómo se pondera una encuesta al censo (y qué pasa si no se hace)
Sexo, edad y hábitat corrigen quién falta en la muestra; el recuerdo de voto es la parte que se discute. Cómo funciona el raking y qué debe contar toda encuesta sobre su ponderación.
Ninguna encuesta consigue una muestra que se parezca exactamente a la población. Las mujeres responden más que los hombres, la gente mayor coge más el teléfono que la joven, y quien vive en un pueblo de 2.000 habitantes tiene una probabilidad distinta de acabar en la muestra que quien vive en Madrid. Ponderar es el proceso que corrige esas diferencias antes de publicar un resultado. Esto es cómo funciona, qué variables se usan casi siempre y cuál es la que de verdad se discute.
Qué corrige la ponderación
Una muestra sin ponderar no está mal por accidente: está sesgada por cómo se recluta a la gente. Un panel online, por ejemplo, sobrerrepresenta a quien tiene tiempo y hábito de apuntarse a paneles —más joven, más urbano y más conectado que el conjunto del país—, algo que ya se explicaba al hablar del método de recogida.
Ponderar consiste en darle más peso a las respuestas de los grupos que salieron infrarrepresentados y menos a los que salieron sobrerrepresentados, hasta que la muestra ponderada reproduce la composición conocida de la población. No se inventan respuestas ni se elimina a nadie: se ajusta cuánto cuenta cada respuesta que ya existe.
Las tres variables que casi nadie discute
Prácticamente todas las casas ponderan por las mismas tres variables estructurales, porque son datos objetivos, estables y conocidos con precisión por la administración:
| Variable | Qué corrige | Fuente del dato poblacional |
|---|---|---|
| Sexo | Diferencias en la tasa de respuesta entre hombres y mujeres | Padrón municipal |
| Edad | Que la gente mayor responde más que la joven | Padrón municipal |
| Hábitat / territorio | Que el tamaño del municipio cambia quién contesta y qué vota | Padrón municipal |
El CIS estratifica directamente sus barómetros cruzando las 17 comunidades autónomas con siete tramos de tamaño de municipio, y ajusta cuotas de sexo y edad antes de levantar el campo — no es solo una corrección posterior, ya está metido en el diseño de la muestra. El dato de referencia para estas tres variables sale del padrón, cuya explotación estadística oficial publica el INE cada trimestre.
Por qué el hábitat importa tanto como el sexo o la edad: el voto no se distribuye igual en un pueblo de 2.000 habitantes que en una capital de provincia, así que una muestra con demasiada gente de ciudad grande no solo tiene mal el "quién", tiene mal el "a quién vota".
Cómo funciona el raking, paso a paso
El método más habitual para ajustar varias variables a la vez se llama raking (o ajuste proporcional iterativo). Según lo describe el Pew Research Center, es el método estándar que usan la mayoría de encuestadoras públicas, y funciona en rondas:
- Se ajustan los pesos para que la proporción de sexos en la muestra ponderada coincida con la del padrón.
- Con esos pesos ya tocados, se ajustan para que la distribución de edad también coincida.
- Se repite con hábitat, y con cualquier otra variable que se use.
- Se vuelve a la primera variable y se repite todo el ciclo, porque ajustar la tercera variable puede haber desviado un poco las dos primeras.
El proceso converge cuando, tras varias rondas, la muestra ponderada casa con la población en todas las variables a la vez dentro de un margen mínimo. La ventaja de este método frente a cruzar todas las variables de golpe (célula por célula) es que no necesita que cada combinación exacta —mujer, de 35 a 44 años, en un municipio de menos de 2.000 habitantes— tenga suficiente gente en la muestra para calcularse por separado; el raking solo necesita que cada variable, por separado, tenga representación suficiente.
El punto que sí se discute: ponderar por recuerdo de voto
Hasta aquí, poca controversia: sexo, edad y hábitat son datos objetivos y estables de cada persona, y nadie discute que haya que corregir su desproporción. La variable que sí genera debate metodológico es distinta: el recuerdo de voto, es decir, preguntar a quién votó cada persona en la última elección y ajustar la muestra para que esa distribución coincida con el resultado oficial.
El argumento a favor: la gente que votó a partidos que quedan mal en las encuestas tiende a responder menos o a mentir sobre su voto pasado, un sesgo conocido y medible. Ajustar por recuerdo de voto corrige ese silencio diferencial y, según sus defensores, mejora la precisión final si se hace con cuidado.
El argumento en contra: a diferencia del sexo o la edad, el recuerdo de voto no es un dato estable ni verificable —nadie puede consultar el padrón para saber a quién votó alguien—, y depende de la memoria de cada persona, que es notoriamente imprecisa y variable. Un estudio publicado en la Revista Española de Investigación Sociológica del CIS sobre el caso español tras las generales de 2023 documenta hasta qué punto el recuerdo declarado se distancia del resultado real, y advierte de que ponderar sobre una variable de opinión —no estructural— puede introducir el sesgo del encuestador en lugar de corregirlo, sobre todo si la casa decide "a mano" cuánto pesa cada recuerdo.
Ninguna de las dos posturas está resuelta de forma unánime en la disciplina: por eso una encuesta seria dice explícitamente si pondera por recuerdo de voto o no, en lugar de darlo por hecho.
Cuándo no se pondera
Ponderar no es gratis: cuantas más variables se cruzan, más peso acumula cada respuesta que cae en una casilla poco representada, y con muestras pequeñas ese peso puede multiplicarse hasta que un puñado de personas termine decidiendo el resultado de todo un grupo.
Nosotros no ponderamos por debajo de unos cientos de respuestas: ponderar una muestra pequeña no la corrige, multiplica el peso de los pocos que caen en las casillas vacías y deforma el resultado más de lo que lo arregla.
Esa es la misma regla que ya explicamos en la ficha técnica completa de Politizz. No es una excepción rara: cualquier encuesta con una muestra reducida se enfrenta al mismo problema, y la honestidad está en decir cuándo se decidió no ponderar en vez de forzar el ajuste igual.
Lo que una encuesta debe decir sobre su ponderación
Con esto ya se puede leer la letra pequeña de cualquier encuesta con criterio:
- Qué variables usa para ponderar — como mínimo sexo, edad y hábitat deberían estar.
- De qué fuente saca los totales poblacionales — el padrón es la referencia en España; una encuesta que no dice de dónde saca su población de referencia no se puede verificar.
- Si pondera por recuerdo de voto, y si lo hace, con qué criterio decide cuánto pesa cada recuerdo declarado.
- Si la muestra es demasiado pequeña para ponderar, y lo dice, en vez de aplicar el ajuste igual.
Una encuesta que responde a estas cuatro preguntas está diciendo, en la práctica, "puedes comprobar cómo llegamos a este número". Una que no las responde te está pidiendo que te fíes sin más, que es justo lo que una ponderación bien hecha existe para no tener que pedir.
Mira si un dato está ponderado antes de creértelo
Nuestros agregados dicen siempre su N y si están ponderados o no. Con este artículo puedes juzgar cualquier otra encuesta con el mismo criterio.
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